Hablar de clima organizacional puede sonar, a primera vista, como un ejercicio sencillo, casi como si bastara con describir “cómo se siente” un lugar de trabajo. Sin embargo, en realidad es un asunto mucho más complejo, donde se entrelazan percepciones individuales, emociones compartidas, creencias que circulan en los pasillos y comportamientos que, de manera silenciosa, van dando forma a la cultura de una institución.
El clima organizacional se refleja tanto en grandes decisiones como en pequeños gestos. Se percibe en la justicia de los procesos, en la transparencia o la opacidad de la comunicación, en la manera en que los líderes ejercen su autoridad.
También aparece en cosas aparentemente mínimas: un saludo a tiempo, una felicitación sincera, o incluso un silencio incómodo en medio de una reunión que puede pesar más que mil palabras.
Decir que un buen clima hace la diferencia no es exagerar. Es lo que separa a una organización que camina con compromiso de otra que apenas sobrevive con apatía. Y en un mundo donde los cambios son rápidos y constantes, las instituciones no pueden darse el lujo de ignorar este aspecto.
El clima no es solo bienestar subjetivo: tiene consecuencias directas en la motivación, en la retención del talento y en la productividad misma.
Publicación: Noviembre 2025
FILIACIONES DE LOS AUTORES
AUTORES:
Alex Fernando Barrionuevo Remache
Lourdes Morayma Remache Agualongo
Jefferson Napoleón Naranjo Gaibor
Xavier Marcelo García García
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Alex Fernando Barrionuevo Remache
Universidad Estatal de Bolívar
Correo Electrónico: albarrionuevo@ueb.edu.ec
Lourdes Morayma Remache Agualongo
Universidad Estatal de Bolívar
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Jefferson Napoleón Naranjo Gaibor
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